El cementerio judío de Chauen.

El cementerio judío de Chauen merece un estudio en profundidad. Sus tumbas antropomorfas junto con las del cementerio de “Castilla” en Tetuán, son únicas en esta parte del mundo. Probablemente correspondan a los primeros judíos instalados en la ciudad tras su expulsión de España en 1492. Por otro lado debido a la falta de información, es difícil datar la fecha aproximada en la que se dejaron de realizar los enterramientos en el antiguo cementerio.

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Se pueden apreciar dos tipos de tumbas: las más antiguas son simples bloques de piedra caliza apenas tallados, pasando a la forma antropomorfa con cabeza circular y sin inscripción alguna. Las más sobresalientes tienen algunos adornos formando círculos concéntricos. Pero una característica única de los antiguos judíos cheuaníes era la de tallar la cara de sus difuntos en la losa sepulcral. Lamentablemente la mayoría han sido borradas debido al paso del tiempo y pocas han llegado hasta nuestros días.

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Estos primeros judíos llegaron a Chauen sólo dos décadas después de la fundación de la ciudad que se llevó a cabo en 1471 por el sherif Mulay Alí ben Rachid, quien construyó una fortaleza para atacar y defenderse de los portugueses que ocupaban Ceuta y Ksar Seguer en la costa del Estrecho de Gibraltar. La leyenda cuenta que construyó una ciudad de estilo andaluz para que su amada no añorase su tierra natal. Alrededor de la fortaleza sobre el antiguo poblado bereber, se instaló una pequeña población de origen rifeño.

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Sin embargo la población no comenzó a crecer y desarrollarse hasta ser poblada por estos judíos españoles sefarditas expulsados en 1492 por los reyes Católicos y por los españoles musulmanes refugiados del Reino de Granada. Durante los siglos XVI y XVII la población musulmana aumentó con la llegada desde Andalucía de los españoles moriscos, principalmente tras la masiva expulsión ordenada por Felipe III en el año 1609.

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La ciudad de Chauen, por el recuerdo sobre todo de las citadas expulsiones, fue prohibida a los cristianos, y solo algunos atrevidos viajeros o aventureros de esta confesión se atrevieron durante estos siglos a visitarla de incógnito. Entre ellos el francés Padre Charles Foucault, que visitó la ciudad disfrazado de rabino y acompañado siempre por un judío marroquí. La describió como una maravillosa ciudad en la que convivían armoniosamente musulmanes y judíos, formando estos un tercio de sus habitantes.

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En 1920 las tropas españolas que el 8 de junio de 1911 habían desembarcado por primera vez en las playas de Larache, entraron en Chauen; pero tuvieron que abandonarla cuatro años después, cuando en el mes de noviembre de 1924, avanzaron las tropas rifeñas de Abdelkrim. Para abandonar la ciudad camino de Tetuán, se formaron cuatro grupos compuestos por fuerzas de regulares marroquíes fieles a España, civiles españoles y judíos de la ciudad, que sumaban una columna de unas 10.000 personas. La mayoría de los judíos permanecieron en Tetuán donde se instalaron, pero otros regresaron a Chauen cuando en agosto de 1926 fue ocupada de nuevo por España tras la derrota y entrega voluntaria de Abdelkrim a las autoridades francesas tres meses antes.

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Durante estos años, las autoridades y la prensa española escribieron sobre la población hebrea de la ciudad, que conservaba como idioma propio el castellano judeo-español desde su expulsión de la Península Ibérica. Entre 1927 y 193l, Chauen vio incrementada su población con la llegada de una gran cantidad de judíos procedentes de poblados rifeños, debido probablemente a la seguridad y prosperidad que se había instaurado en la ciudad. Fue a raíz de esta inmigración cuado se extendió por la ciudad la costumbre de estos judíos de pintar las casas en azul, su color religioso y que dura hasta hoy en día.

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En los años posteriores llegaron también muchas familias (Benzaquen, Benadiba, Belilty, Benamu, Carciente, etc.) de Cuatro Torres de Alcalá, pequeña urbe de población mayoritaria judía situada en la costa rifeña frente al Peñón de Vélez de la Gomera, y otras se dirigieron a Ceuta o Melilla. En años posteriores la mayoría de la población judía de Chauen comenzó un progresivo desplazamiento a la cercana Tetuán donde tenían numerosos familiares, paisanos y amigos; y en menor número a Ceuta y Melilla.

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El mellah o barrio judío de Chauen, construido al mismo tiempo que el de Tetuán por los judíos megorashim o “expulsados”, se instaló primeramente a extramuros de la ciudad junto al río Demani, hasta que más adelante se trasladó al interior de la ciudad en los límites del barrio Seflia, con una puerta llamada Bab el Mellah, que la unía al barrio de Sueka. Precisamente en este barrio se ubicaba el más importante fondak de la ciudad llamado “Fondak del Yhudi” (del judío) en relación a su propietario. En 1924 según los anuarios de la época, de las cerca de dos mil casas que constituían la ciudad, casi todas de piso terrizo y con tejado, algo más de doscientas eran de judíos.

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Antes de la gran emigración de la década de los cuarenta, la población judía de Chauen estaba compuesta mayoritariamente de comerciantes, siendo minoría los agricultores, aunque sí propietarios de campos de labranza, molinos de harina y de aceite, cuyos productos se vendían principalmente en Tetuán, Alcazarquivir y Uazzan. Casi monopolizaban las tenerías o dar debbag, que era la industria principal de la ciudad, así como el comercio de telas y el oficio de albardero. Pero en lo que eran reputados artesanos a nivel territorial eran como plateros, confeccionando magníficas joyas para la clientela bereber, especialmente para las mujeres rifeñas. Estaban ubicados en el barrio de Souika situado en la zona baja de la medina y cercano al Mellah.

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Con la instalación definitiva de los españoles, los judíos fueron transformando su actividad comercial en tiendas de bazares, coloniales y ultramarinos. Todavía se recuerda entre los oriundos xauníes el “Bazar Ciudad de Sevilla” de don Isaac y don Moisés Sananes en la antigua calle Medaka, o las tiendas de ultramarinos de don Menahem Chocron en la que fue calle de Alfonso XIII, o de don Isaac Chocron. Las mujeres solían recordar las tiendas de tejidos de don Menahem Bendayan, de don Abraham Carciente, de don David Serruya, de don Salomón Benzaquen, etc, así como en general de las diversas y numerosas familias: Sananes, Bendahan, Dery, Benaim, Chocron y Bendayan.

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En la década de 1950 abandonaron la ciudad las últimas familias judías, quedando hoy en día como recuerdo del importante paso de los sefardíes españoles por Chauen, parte del Mellah o barrio judío, y por suerte su antiguo cementerio que se ha conservado prácticamente intacto. En la actualidad ha sido cercado por un enrejado y reformado en un pequeño parque que se utiliza de paso hacia otra parte de la ciudad. Pero las antiguas tumbas siguen esperando ese estudio que nos pueda desvelar algo más de los desconocidos primeros judíos de Chauen.

Fuente: José Edery Benchluch – Javier García


***************LOS JUDIOS DE CHAUEN**************

2 comentarios el “El cementerio judío de Chauen.

  1. Me ha encantado este trabajo Javier, estas antiguas comunidades seguirán vivas mientras perduren en nuestra memoria. Saludos cordiales.

    • Señor Javier Garcia

      Acabo de ver el documentario de la ciudad de Chauen, sobre la historia de los judios que allì pasaron su vida durante siglos. En mi caso y tal como lo habìa dicho antes, una sòla vez he ido allì siendo niño y sòlo recuerdo los precipicios y las montañas donde nuestro coche nos llevaba y mi madre muy asustada porque las carreteras no eran anchas.

      Llegamos a la ciudad y nos encontramos ante una fuente de agua pero la plaza estaba vacia. Probamos el agua y era de buen sabor y transparente o limpia mi madre nos decìa que se parecìa al agua de Lanjaron.

      Como chico esas calles me daban susto. El viaje lo habiamos hecho en 1956 o 1957 y no encontramos a ningùn sefardi. Para ir a Chauen pasamos la antigua frontera de Tànger a Tetuàn y luego antes de emprender el Fondak doblamos a la derecha es una carretera muy disimulada con mucha vegetaciòn. En la misma carretera se puede ir hacia Melilla pero al parecer la carretera es aùn màs peligrosa para conducir.

      Un año, mi tio durante la llegada de las tropas españolas al tener un pequeño camiòn las autoridades españolas alquilaron sus servicios para llevar comida, ropa, agua, correo a los soldados de Tetuàn y de Chauen y él nos contaba que a veces las balas venidas desde las montañas pasaban cerca de él.

      Una cosa le ocurrò una vez en uno de esos viajes llevaba a campesinos marroquies en su
      camiòn para hacer ciertos trabajos de construcciòn pero aquella vez un coche que venìa en sentido
      contrario le obligò a estar muy cerca del borde y el camiòn cayò al precipicio menos mal que no
      era muy profundo y algunos de esos trabajadores estuvieron heridos. Ciertos diarios escribieron
      sobre aquel accidente. Como lo constata usted, los sefardies ayudaron en cierto momento a los españoles en el Rif.

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